Mostrando entradas con la etiqueta [Relato]. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta [Relato]. Mostrar todas las entradas

jueves, 1 de agosto de 2013

[Relato] El Chico que amaba los atrapasueños

Frágil y solitario caminaba entre bosques oscuros y secos, sin frutos, sin verde, sin viento. Caminaba buscando algo que no sabía qué era, ni dónde iba a encontrarlo, ni de qué manera. Se quedaba atrapado en sus sueños y ahí, sus recuerdos lo hacían presa de sus miedos, lo arrinconaban en la soledad, en lo terrorífico, en lo inimaginable de su inconsciente.

Amaba creer que tejía las redes de su propio destino, que los hilos eran caminos por explorar, que los círculos eran etapas que inevitablemente cruzaría algún día y que al final del camino, las plumas colgantes le darían oportunidad de entintarlas y escribir su vida a placer…

Una noche entre la oscuridad, escuchó una voz clara, era una voz de mujer que encantaba, que arrullaba sus deseos, le susurraba -Ven…!- Aunque la voz le intrigaba profundamente, decidió ignorarla y por varias noches fue la música de sus caminatas infinitas, ambientó perfectamente su melancolía hasta volverse la esperanza de una vida que deseaba a escondidas de sí mismo.

Él conocía esa voz, su deseo la hizo propia, todo su ser la identificó como parte suya, se fue dejando envolver en la tonada, sin darse cuenta, esa voz le fue dando el amor que buscó por largo tiempo sin suerte de encontrarlo, le fue encendiendo una luz al final del túnel. En su interior esa palabra se transformó en el canto y melodía de sus días, dormía a todas horas para encontrar su melodía, para llenar el vacío que sentía sin ella.

Una mirada lo hipnotizó, la voz le dijo “sígueme y me encontrarás…”. Aún dudoso, en medio del bosque de su soledad, esperó a que su canción lo envolviera como en todos los sueños que había tenido desde que ella llegó. Se enfrascó en un baile con ritmo de locura buscando la melodía de sus sueños, la siguió atravesando veredas, pisando el tapete infinito de hojas secas hasta llegar al árbol más grande de los acres de su interior, estaba negro, seco y majestuoso; ella lo había esperado todo este tiempo debajo del árbol más grande, más tétrico, el que conducía hasta su corazón.

Al verse en la oscuridad, se sonrieron como un niño al encontrar una sorpresa en el árbol de navidad, se reconocieron suyos, propios desde siempre, se besaron como si su amor existiera desde siglos atrás, sus labios encajaban perfectos, sus manos tenían la medida perfecta, sus caricias tenían un camino ya marcado, sintieron como si sus cuerpos se hubieran estado esperando por siglos, era una atracción fatal que los llevó al abandono.

Se entregaron tanto como la vida se los permitió, se besaron tanto que su boca se secó, se tocaron tanto que las huellas de sus manos se desvanecieron, se dijeron tanto que las palabras se les terminaron; sus cuerpos fueron aprendidos a la perfección, cada borde, cada marca, cada surco de lo largo y ancho de su cuerpo, fue terreno conocido por los dedos y los labios. Entre sus cuerpos jamás hubo secretos.

La atracción fatal está, desde el principio de los tiempos, destinada a destruirse. Un mal día la voz huyó de sus sueños, le dejó desconsuelo en las redes, cada nudo se convirtió en una interrogación mortal dejada al aire, cada línea de su infinito tejido fue una promesa abandonada, ese hilo medía lo mismo que medían sus cuerpos amotinados, envueltos en hiel, sudor, obsesión y pasión. Lo nunca antes visto, lo nunca antes sentido; y es que la figura de sus cuerpos unidos no tenía principio ni fin, porque de tal manera sus almas se amaron que se fusionaban convirtiéndose en un nuevo ser.

Cuando todo acabó, cuando el bosque se hizo cenizas, se encontraron en el sueño eterno, sus miradas se aman desde tiempos remotos, sus almas se conocen en sueños de otras vidas que nunca pudieron recordar, ese amor existió antes que ellos, existe aún en aquella figura que él ama, que le llama atrapa sueños.

[Relato] Enjoy the silence


El halo de luz morada pasa rápido sobre el cementerio estampado de tu blusa, un trago helado, el espíritu del alcohol aviva la percepción de tus ojos bailando al ritmo de enjoy the silence. Depeche Mode difícilmente pasará de moda mientras en las fiestas sigan sirviendo anfetaminas, whisky barato y Salomés vengativas sigan llenando los despostillados tarros de cerveza de los mal amados. Un poeta, es decir otro mal amado, sostiene, con la finura de quien escribe sobre el torso desnudo de una amante burguesa, que en realidad no hay tales incapacitados para el amor, sino la carencia de dólares para embellecer versos, crear ficciones. Como sea, todos los hombres somos lo mismo: parias bífidos al final que pasan las lenguas de sus ojos por el contorno de sombra neón que se desprende de tu cuerpo en movimiento. Este es un mal lugar y un mal momento para pensar en poesía y dinero, pero tampoco quiero pensar en la distancia de tus pasos tránsfuga, en las puertas del subterráneo cerradas, las calles cercadas por retenes militares; mucho menos regresar al recuerdo de los grilletes en los muslos. No tengo ni un centavo en la bolsa para invitarte una creveza.     
Los segundos siguen imperceptibles detrás del ritmo de beats y guitarras, la música es un puente que te saca de este quinto piso desde el que se observa un cementerio con cruces blancas de cocaína, brillante, casi se podría afirmar que la pulcritud es la misma de un mausoleo helénico. En sus muros parece haber fiesta, como si ésta alegría etílica también los invitara al espejismo del caribe extinto. Pero no es fiesta, ¿qué, cómo diablos se puede festejar después de la matanza de los elefantes? Nada se festeja allá y el frenesí musical de ésta fiesta sigue sosteniendo un puente infranqueable entre tu delgada llama y mis palabras.
Escolopendra
Emet
Fuego
Hamartia  
A mi lengua, extremidad con el universo, le han cercenado la magia adánica, negras crisálidas escupo cuando quiero hacer escuchar, por encima de la estridencia jovial, tu nombre. No me miras, por un momento siento escamas la piel y levanto el asedio de mis ojos.
Aquí adentro, reptiles sobrevivientes apaciguados bajo una nube cargada de onirismo, allá afuera una horda de jirones humanos, más zombis que hombres, que han roto el ensueño de su televisor y se estrellan, con bríos de alce metálico, contra los muros marmóreos del Partenón dedicado a los héroes de la democracia.
¡Eso sí es una buena bacanal!
Grita un neohippie desde la ventana, confundiendo su aguardientosa voz con un solo de saxofón que tú disfrutas en tu goce solitario; trato de seguirte incapaz de leer la intención del sutil devaneo con el que te entregas a la combinación de guitarra y sax, sin que lo sepas  eres posesa de un cuento por ti narrado en el que te delatas caracol. Ni yo mismo sé cómo pasamos de Depeche Mode a Caifanes con “quisiera ser alcohol”  
¡No mames, esos cabrones se quieren aspirar a los muertos… la coca de la sagrada democracia!
Vuelvo a la ventana. Me gustaría preguntarte si alguna vez contemplaste la pintura de “Los funerales del poeta Oskar Paniza”, de George Grosz, o si en algún momento escuchaste “sinfonía para cólera  y revolución. Discurso para ratas en tres tragedias” del moderno “Kostalkolnikof”. El tumulto en el cementerio tiene mucho de ese carnaval siniestro, uno sobre otro, los zombis se agolpan mecánicamente sobre los muros, la piedra cristalizada es un crujir al chisporrotear de un fuego incontenible que se asoma en los ojos, en el aliento inerte de un solo monstruo: la masa amorfa.      
            Y ahora, aunque quisieras ver lo que aquí acontece, tendrías que recuperar el hilo de oro que nos robaron en el laberinto para volver de ese mundo que sólo tú nombras. Atrás de ti, un girasol con dorso de sirena se escapa de tu ritmo de sangre, sin querer advierto la cadencia de una música volcánica, mineral. No sé de qué mano ingrávida provienen las perlas que vienen a dar a esta porqueriza. Del árbol cae una pera que, antes de impactarse, se vuelve cascada. En un rincón cenizo del mundo sin agua, las lajas recuperan su corazón de jade.
            Sin embargo, ese sonar de caracola no proviene del silabario de tu danza. No puede, no podría ese crujir de huesos emerger de ti. Los muros de coca han sido quemados y es el asalto del hambre el que suena a tambor de guerra.
            Alucinas poemas con plumajes de quetzal y oquedades en cuevas submarinas para el sueño de las ballenas; en algún documental escuché que en geografías así descritas se había fecundado la vida.
Al mismo tiempo, las agencias de seguridad privada dan la señal de alerta a sus amos y los sepulcros de cocaína, que en realidad son bunkers revestidos con imágenes de la santa muerte tallados en marfil, se abren de par en par para que de ellos emerja el clásico desfile militar del 16 de septiembre que encabeza la virgen desnuda de Guadalupe. Los altavoces son tomados y retumban entre las ruinas de la ciudad vestida de seda. Los discursos y las ofertas celadas devoran la música, mas tú quedas suspendida de la música que emerge de ti y la promesa de una montaña estrellada convoca a los reptiles, vuelvo a sentir la piel escamada, a no perder el rastro de tu deslizar silábico, tu cuerpo.
Los tanques y los grupos antimotines toman posición para despejar el cementerio, los altavoces vomitan promesas que son respondidas por guturales voces disonantes, la indignación se inflama bajo una torre babilónica donde nadie se entiende, no nos entendemos, nos negaron el don de una lengua común, unos hablan con el hambre, otros reciclan la arenga política, muchos más sólo han venido por el oro blanco, y yo aquí, expectante, anónimo y esquivo, con un lenguaje infértil que no te alcanza “las palabras no sirven para nada. / Sólo sirve el odio, / una mano sobre un libro, / una pintura que nombra lo indecible, / una mujer con un libro entre las piernas.”[1]   
“No hay negociación posible”, afirman los altos dignatarios, “México es un país que se guía a través de las instituciones, mismas que ustedes han violado. Bajo esa amenaza, el Estado no puede más que responder con la fuerza que la ley le garantiza.” Afuera llaman a las armas, gritan “guerra”, tú enuncias “tierra” y el desierto se nos revela apenas en una duna sugerida en el pensamiento. Tus brazos, serpientes carmesís, versan sobre un eclipse y un diluvio que quedó registrado en algún muro de la extraviada Atlantida; en el cementerio alguien ha lanzado la palabra que autoriza la bengala de la muerte:
Tú dices “Mantis”…………… una ojiva destroza la primera línea enemiga
Pronuncias “Alba”…………..un destello revienta entrañas
“Miel y Junco”……………..sobre el ejército pobre llueven granadas
“Árbol de la vida”…………… la guerra es altamente lucrativa
“Secreto del viento”…………..monumento de cráneos para un dios enano
“incienso-silencio”……………. ¿La paz de los muertos?
            Humaredas de estandartes caídos se filtran por la ventana. Por estar absorto no había reparado en que han llegado más invitados. Ahora todo es absoluto silencio sólo interrumpido por hormigas inmediatamente dispuestas a reparar los muros derribados, barredoras dentadas apartan los cuerpos masacrados y algunos gritos aislados vienen a posarse sobre nuestra indiferencia alcohólica. La flora y fauna por ti nombrada, la atmósfera de lejanos soles de Mayo, se ha disuelto en la ingenuidad de tus ojos sonrientes, abiertos por fin, todo ha desaparecido en tu belleza estática de efigie recién llegada de un viaje secreto. Algo comentamos sobre el ruido de las barredoras, sobre el deber de estar ahí, con los iguales, con el pueblo; coincido y quisiera confesarte de qué vengo huyendo…
            Es una lástima que una fiesta se quede sin mezcal y sin música, algunos mal amados dan de tumbos buscando algún trago ausente de dueño; igual que afuera, en el cementerio, este quinto piso se ha impregnado de un halo de hesitación. Ya no son tus ojos ni ese puente de langostas los causantes de esta nube gris sobre la sala. En la cocina se han juntado todos. Me aparto de ti, te dejo muy cansada, entre los amigos con los que charlas en el sofá sobre esa píldora nueva que venden en el mercado negro. Voy hacia el grupo de personas que debaten con intensidad en la cocina, de paso un bocadillo…
            Pero vuelvo enseguida, las luces se apagan y sólo vuelve a quedar una beta de luz morada que bordea el cementerio de tu blusa, la música vuelve a sonar con estridencia, nuevamente Depeche Mode, ¡qué buena rola!, siempre he querido decirte que me seduce tu piel marmórea al contacto de la niebla violácea. Pero no hay tiempo, me preguntas qué pasa mientras te tomo de la mano y me miras (por fin);  mal amados y odaliscas salen despavoridos; claro está, nunca dejaré que te sentencien a los grilletes en los muslos.
            Las últimas personas en llegar a la fiesta no eran invitados, te explico antes de emprender la huida, realmente era banda que venía huyendo de la matanza en el cementerio. En el camino hacía el quinto piso, explican ellos, los policías antimotines y el escuadrón de exterminio detuvieron a unos cuantos jóvenes que portaban la insignia de #Yosoy132 con pancartas del Frente de Pueblos y del afamado Frente Oriente.  El secretario de la defensa nacional, entonces, no dudó de que el levantamiento fuese provocado por el fuego de nuestra fogata. En los noticieros declaran que agitamos a las masas y aseguran que miembros importantes de la resistencia están entre nosotros. La pista de baile se ha quedado vacía, el escuadrón de exterminio viene a la fiesta, es momento de correr.
Mas no corremos de inmediato, en silencio quedan nuestras miradas, algo quieres decirme pero ya no hay música, ni cascadas, te quedas sin magia, cercenada de tu propio lenguaje igual que yo: absurdo y perplejo con la palabra infértil que no te alcanza, “No alcanzo tu cuello, /no puedo moverme. / Siento tus ansias. Pero tú también estás muerta. / Te me deshaces de tanta fatiga, / al contacto de mi mueca. / Nos arrastramos tratando de alcanzarnos, / pero cuando llegamos al sitio donde nos esperábamos, / ya no hay sitio, / ni cuerpos, / ni amor.[2]    



















[1]Los versos de Óscar Oliva son una constante en los muros de las prisiones, la cárcel que es toda la ciudad. La poesía también está en resistencia y no es mi culpa, es el estado de sitio y la cólera concentrada que nos heredaron nuestros padres. 
[2] Cuando terminé de remontar los versos de Óscar Oliva, tenías ya minutos de haber abandonado nuestra ciudad sitiada. Es verdad, fue un mal momento para ponerme a pensar en poesía. Corro en sentido contrario a las sirenas…    

[Relato] Martín


El silbatazo inicial se lleva a cabo y el muchacho renueva su ilusión. Mira fijo la pelota con una reluciente alegría y aprieta los puños para ahogar el tembleque de sus manos. Martín pide la bola siempre, vociferando enérgicamente y con el índice derecho elevado. Corre y corre más, sin cansarse a diferencia de sus rechonchos y veteranos compañeros. Martín está en buena posición y disponible todas las veces, todas las jugadas, y cada mañana de domingo. Pero a él no le dan ni un pase; pero en Martín nadie confía ni un poco. Llega con una reconocible anticipación y con más ánimos que el resto, pero no se merece un voto. Martín jamás es candidato para cobrar penales, incluso el de los guantes lo haría primero. En ocasiones el balón pasa accidentalmente por sus intrépidos pies, pero una lluvia de desaprobaciones lo convierten en el ser más pequeño e inepto, y lo pierde, o lo cede. Martín practica rigurosamente todas las tardes, y mejora en todas, pero nadie le da una oportunidad los domingos. Si no fueran tan sólo diez además de él, no pisaría la cancha seguramente. Y Martín siempre se esfuerza, pero nadie le da ni un pase.
Martín se prometió demostrar algunas cosas mientras metía la cabeza en la camiseta blanca con hombros negros. En tiempos pasados él gozaba de cierta compasión, pero ésta murió junto con su padre y ahora Martín toma solo el autobús, y prepara sólo una maleta deportiva. Martín es el más pasivo de la familia, y el que tiene más apodos también. Más de uno entre sus primos considera que el peor jugador también es, pero se equivocan rotundamente.
Martín ya estuvo dos veces en posición de gol, pero no tuvo la pelota. Martín tiene bañadas las sienes, y sus compañeros cincuentones ampliaron su colección de disparos desviados. Martín se agita animosamente, y ensucia sus zapatos. Después de mucho de lo mismo, el árbitro anuncia que hay que descansar por un rato.
Aunque es el más fatigado, Martín llega y se sienta en la sombra antes que todos. Saca un cilindro y pretende beber, sin embargo algún amigo suyo se lo arrebata sin preocuparse por parecer descortés. Martín sonríe preguntándose si pudo tocar aunque sea una vez la bola, y no lo averigua. Todos beben de su botella y él sólo sonríe, sin parecer molesto o consternado, como es normal.
-Tengo que demostrarles, hoy tengo que hacerlo.- Susurra Martín mientras ingresa al campo, esta vez doblemente motivado, y sin haber saciado su sed en lo absoluto. De nuevo gordos y perezosos sus compañeros le niegan participar. Él corre, él lucha, él pide. Siempre un poco más fuerte. Él no puede porque los demás y él mismo creen que no tiene la capacidad. No obstante, aunque es una mañana normal, es distinta, y quizá sólo Martín lo entiende así.
Doñas con abanicos agitándose desde su mano esperan y lucen expectantes a la distancia; ninguna menciona nada acerca de Martín. El partido termina minutos después entre lamentaciones y reclamos de compañeros de equipo y el optimismo incansable de Martín. El joven ofrece voluntariamente hidratación a sus compañeros, felicitándolos por el esfuerzo realizado, aunque Martín no acostumbra hacerlo. Los mira beber y a las señoras comadrear de la manera acostumbrada. Después de dos minutos aproximadamente, todo el equipo parece dormir a escasos metros de la cancha de tierra. Las señoras ríen entre ellas sin ver a sus esposos y Martín se despide caminando hacia la parada de autobús, como siempre, sonriente y pasivo.




LD Piña

[Relato] Amor de Despedida


Estuve enredado entre esculturas secas y huecas de amor, sólo esperaba esta noche para poder morir en paz, para ser tan tuyo como pudiera y desaparecer entre las sombras del olvido. El roce de tus manos pudo accionar cualquier tipo de explosión en mi cuerpo, las chispas, el ardor, la fricción de nuestros cuerpos agotada en sudor, a eso le llamo despedirme como se debe.

Sé que será la última vez que te regocijes en mis brazos, que me digas “te amo” compadeciéndome un poco, porque yo sé que no importa cuántas veces me lo digas, nunca podrás sentirlo; puedo vivir con esa mentira en tus labios mientras lo susurras en mi oído, puedo grabar tu voz diciendo mi nombre y rebobinándola para mi, grabar también el aroma de tu piel y la textura de tu cabello cayendo sobre mi rostro, como una cortinilla de sueños húmedos.

Porque entraste en mi vida antes de entrar en mi cama y sólo yo sé de los rastros de saliva en mi piel, del camino que dejaron tus pasiones en mi espalda, de mi voz pidiendo que te quedaras para siempre y tu sonrisa perversa cuando tomaba tu cintura y juntos rodábamos en el incierto del terciopelo que envolvía nuestra piel, cubriéndote con mis ansias.

Me llevo de ti la delicadeza y los poemas, la belleza de tu cuerpo sobre el mío, la manera en la que me mirabas con esa pasión exaltada, intentando curar mis heridas, acompañándome en mis peores pesadillas, cuando entre las sombras de un bosque siempre oscuro, tu voz me guiaba hacia tus labios y sobre el árbol más espeluznante saciábamos la sed de nuestros besos y me llevabas a un universo hecho exclusivamente para nuestro amor errante.

A pesar de saber que te irías en el momento menos indicado, siempre tuve la esperanza de que fueras sólo mía, de poder llevarte a ese nido de escalofríos, donde tu piel desnuda me daba de beber y yo callaba enredado en tus brazos y tus piernas, mientras esperaba escéptico tu partida.

Llamé a tu cuerpo mi hogar, pues tu cuerpo tenía la forma exacta para hacerme olvidar mis agonías, pero sobre todo, mi miedo a la soledad. Tenías todo de mi, mujer, absolutamente todo, desde mi cuerpo frágil, hasta los más profundos pensamientos y deseos de muerte, mis píldoras, mi licor, el tabaco, mi felicidad sin máscaras sobre tus manos de guerra y ya sin defensas, decidiste matarme ¿qué te hice yo, mujer, para que te convirtieras en mi verdugo? Sólo supe amarte, y eso hago aún en este lecho de muerte disfrazado de tu cuerpo, mi última morada.

Debo decir que eres el mejor de mis recuerdos, el más vívido, el más nítido y el más doloroso también. Adiós te digo, mujer, y gracias por regalarme esa pasión que me hizo saber lo que es vivir de verdad y dejarme llevar entre los murmullos del viento. Hasta nunca, amada mía.

[Secretos de Alcoba] Presentación.

Verán, mis queridos lectores, en vista de que los roles sociales nos han hecho depender de una personalidad distinta para desarrollarnos en cada situación a la que nos enfrentemos, me he visto casi obligada a dar un paseo por este mundo multipolar, para evidenciar los pecados de las personas comunes y corrientes, mismas que al final del día terminamos siendo un poco pecadores, un poco literatos y a veces muy alcohólicos.

Los secretos que les serán presentados son el pan de cada día de diferentes personajes que pueden ser encarnados por varias o por una misma persona,  uno no sabe cuántas personalidades le dependen y qué hace cada una de ellas en sus lapsus de locura, así que se recomienda discreción (la que yo no tuve para guardar dichos secretos).

Los invito a perderse en el fango de la divina concupiscencia, aquí, entre los hervores de unas sábanas aterciopeladas, entre la maraña de un cabello con perfume de hiel, entre los labios húmedos de los amantes prohibidos, entre las piernas de una amada virginal, en alguna “hoguera del amor quemado” o lo que resulte de estos secretillos de alcoba. Bienvenidos. 
[IGNA5I0]

[Relato] Monitor


El sonido de la máquina aterradora inunda con estridencia la habitación - pip piiip – (silencio) - pip piip…- Interminable, cruel, impostergable se ciñe sobre las dos mujeres temblorosas que intentan no llorar mientras hacen la prueba de mantener vivo el eco roto de su ser  - pip piip -.
La certeza del final entra con paso marcial – uno, dos, uno, dos, firmeees YA- y fija su impasible mirada en la escena surrealista que se desarrolla como un cuadro de Dalí – colores, infinidad de colores refulgentes, evanescentes… - . Saca un puro y al dar la primera bocanada su aspecto empieza a cambiar – pip piip –.Se sienta y lo degusta con elegancia.
El adolorido y cansado cuerpo que yace pesado en la cama palidece cada vez más – pip piip (silencio más largo) -. Las mujeres lo observan con algo de impotencia y mucho de nostalgia. Y aunque la esperanza es lo último que muere, termina muriendo al fin y al cabo porque
NADA                         AQUÍ                    TIERRA.
            PERMANECE           EN   LA

Los cornudos entes de piel roja y blancas alas revolotean alrededor de aquel cuerpo tan amado cubriéndolo de sondas, cortes, piquetes, cortes, electricidad y más cortes.
Un silencio absoluto y asfixiante cubre la habitación – piip piiiip (silencio prolongado)- la más joven cae de rodillas y solloza, todo el dolor del mundo se concentra en cada uno de sus gestos desesperados.
Levanta confundida la mirada cuando llega a su nariz el aroma del puro, una bocanada la golpea en el rostro y ve a un hombre vestido de negro, el cual la contempla con una expresión divertida. Sus ojos se abren desmesurados al notar que es idéntico al flácido cuerpo que descansa en la cama: Él representa la autenticidad de lo efímero, el sonido del silencio que nadie quiere escuchar, lo palpable de su propia mortalidad.
Le sonríe con dulzura y deposita los restos del puro a sus pies. Se levanta con agilidad poco natural y sale por la puerta.
- Piiiiiiip piiiiiiiip piiiiiiiiiiiiiip- (y luego, el silencio).


Santa Cassandra Aguilera Hernández (SCAH)

[Índice]

Selecciona el artículo de tu interés

[Vaguedades]:

[Política]: Guerra Civil en Siria. [Leonardo Solís]

[Poesía]: Invitación a la muerte. [Israel Rojas]
[Poesía]: Terapia I. [Becka Nurmi]
[Poesía]: Terapia II. [Becka Nurmi]
[Poesía]: Terapia III. [Becka Nurmi]
[Poesía]: Amor Mío [Becka Nurmi]
[Poesía]: Metanoia. [V. Tezcaltzin]
[Poesía]: Eros vagando por el insomnio. [V. Tezcaltzin]
[Poesía]: Soneto 1 [Philippe Atlein]

[Otredades]: Balada del indígenuo. [José Ángel Álvarez]

[Comida]: La Sal de la Historia. [Citlalli Flores]

[Historia]: Historia de la Revolución Mexicana. [José G. S. García.]

[Fotografía]: Los niños grandes. [Lizbeth Rosas]

[Deportes]: Futbol y estudio de la sociedad. [Roberto Tiempos]
[Pensar con el BalónArgentina 78: La fiesta de todos y el Nunca Más

[Vida Desechable]: Un mundo sin basura. [Sandra Silva]

[Educación]: Reinventemos la educación. [Eduardo Reyes]

[Psicología]: El duelo. [Judith Domínguez y Ricardo Lesgaspe]

[Política]: Sobre Chávez. [Arístides Villa]
[Política]: El eterno silencio de Chávez. [Leonardo Solís]

[Relato]: Monitor. [Santa Cassandra Aguilera Hernández]
[Relato]: Amor de despedida. [Paolo Denouve]
[Relato]: El chico que amaba los atrapasueños [Becka Nuermi]
[Relato]: Martín. [Daniel Piña]
[Relato]: Amare contendere est. (1 de 3) [Arístides Villa]

[Danza]: ¡A ritmo de pito y tambor! [Elizabeth Aguilar]

[Secretos de Alcoba]: Presentación. [Ana Elena V.]

[Opinión]: Técnica y mecánica. [Manuel Vázquez]

[CríticaEl vuelo de la Reina. [Perro Sarnoso]